Cuando acabamos una relación , la búsqueda de pareja es la última opción que se nos pasa por la cabeza, y en muchos casos es normal que sea así. Nos damos un tiempo, refrescamos y ordenamos cosas, tomamos un poco de aire y ya dejamos que la vida venga como tenga que venir (aunque no programemos la búsqueda de pareja, tampoco la descartamos).
Como decíamos , este período de “abstinencia” amorosa, sexual o sentimental si es voluntario puede ser en la mayoría de los casos pertinente y sano. Y aunque estemos solos no tendremos porqué definirlo como soledad.
La soledad es un concepto amplio y denso que nada tiene que ver con período deseado de descanso ni con un in pass amatorio.
Lo peligroso de la soledad es, bajo nuestro criterio, la creencia de quien la padece, de haber ciclo, sobre todo en personas de una cierta edad.
La sensación de que nuestra función y misión vital se desarrolla torpemente o no se desarrolla debido a la inexistencia de pareja es uno de los motivos por los que en muchos casos estalla en algunas personas la necesidad imperiosa de iniciar la búsqueda de una nueva pareja que nos complemente y complete el círculo que no terminamos de cerrar en nuestro día a día, pero no desde un punto de vista social o tradicional, sino bajo un impulso existencial.

¿Por qué si no iban a querer nuestros ancianos viudos, solteros o separados, buscar pareja y compañía para los últimos años de su vida? Sus poderosas razones tendrán.
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